05 Las primeras iglesias y nuestra Iglesia de hoy

José Enrique Galarreta.

Descubre el espíritu de las primeras comunidades y lo confronta con la Iglesia que somos hoy.

Colección feadulta.com, nº 5. Mayo 2011.

208 páginas, 21 x 15 cm, rústica

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ISBN 97884-7631-021-2

Disponibilidad: Disponible

10,00 €

Este libro nos lleva a recorrer el nacimiento y crecimiento de las primeras comunidades, valiéndose sobre todo de los muchos datos que ofrecen los Hechos de Apóstoles.
Trata de encontrar el espíritu que guiaba a los primeros cristianos, su forma de organizarse, sus problemas internos y cómo los resolvían. Pero no esconde su intención de ir comparando en todo momento aquellas comunidades con nuestra Iglesia actual, a fin de descubrir en ella aciertos y desviaciones y poder reconducirla entre todos hacia el Espíritu de Jesús.
José Enrique Ruiz de Galarreta, (Pamplona 1937-2014), jesuita. Se tomó muy en serio su trabajo pastoral adobándolo con un cálido sentido del humor. Un gran comunicador: han sido siempre muy celebradas sus charlas y homilías. Le encantaba el lenguaje en parábolas de Jesús de Nazaret: sus preferidas, las de semillas que crecen y dan fruto. Ha publicado distintos libros sobre Jesús, la Biblia, la oración y algunas biografías. Ha sido columna principal del portal feadulta.com, que llora su pérdida y le mantiene vivo en su corazón.Í N D I C E
PROPÓSITO Y PLANTEAMIENTO
La Iglesia que quería Jesús
El gran desconocido
El autor de los Hechos de apóstoles
Intención y estilo de sus libros
Lucas como historiador
Título y fecha de composición
Las Iglesias en Hechos
LA IGLESIA DE JERUSALÉN
La misión
La elección de Matías
Los discursos
Pentecostés
Primer discurso público de Pedro
Primera descripción de la comunidad
Ciclo de Pedro y Juan
El problema: los sacerdotes, primera persecución
Segunda descripción de la comunidad
Tercera descripción de la comunidad. Las señales
Se endurece la persecución
Helenistas y hebreos: problemas en la comunidad
Nuevo sumario
Nueva persecución. Esteban. Aparece Saulo
La gran persecución
LA EXPANSIÓN INICIAL
Evangelización de Samaria
Felipe y el etíope
Conversión de Saulo
Sobre el género literario del relato
Comienza el ciclo específico de Pedro
Apostolado de Pedro, curaciones de Eneas y Gacela
Pedro en Cesarea
Visón de Pedro
Consecuencias
LA IGLESIA DE ANTIOQUÍA
Nueva persecución en Jerusalén
Viaje apostólico de Bernabé y Saulo
Predicación en Antioquía de Pisidia
Predicación en Licaonia (Iconio, Listra, Derbe)
Problemas en Antioquía
El "Concilio de Jerusalén"
Vocacion universal
El futuro de la comunidad de Jerusalén
La fe en Jesus, sin reservas
LOS VIAJES DE PABLO
Pablo y Bernabe se separan
Segundo viaje de Pablo 50-52
Pablo en Atenas
Pablo en Corinto
El tercer viaje de Pablo 53 57
En Éfeso
La fracción del pan en Troade
Persecución en Jerusalén
En Roma (año 61)
¿Por qué empieza el libro donde empieza y acaba donde acaba?
EPÍLOGO: POR QUÉ FRACASA LA IGLESIA
ALGUNOS LIBROS ÚTILES Y UTILIZADOS

LA IGLESIA QUE QUERÍA JESÚS

Muchos cristianos se encuentran hoy perplejos ante la situación de la Iglesia. Encuentran en ella tendencias muy diferentes, en la doctrina, en el culto, incluso en la manera de entender a Jesús de Nazaret. Parece como si existiera una ‘Iglesia oficial’ y junto a ella otras ‘iglesias’ fuertemente distanciadas de ella. 
Por otra parte parecen dispararse señales de alarma: disminución de fieles, dramático bajón de sacerdotes y religiosos, desprestigio del magisterio, proliferación de doctrinas… 
La Iglesia ‘oficial’ lo atribuye a factores externos a ella, especialmente la paganización de la vida, el consumismo, las doctrinas destructivas, liberalismo, marxismo, etc., etc. 
Las otras ‘iglesias’ admiten que este factor influye, pero atienden más a los errores de la propia Iglesia, y piensan que su declive se debe en buena parte a ella misma. Proponen constantemente, ‘refundar’, es decir, volver a los fundamentos, a las fuentes, para poder salir de ellos y ser verdaderamente ‘la iglesia que Jesús quería’. 
¿Es posible la iglesia que Jesús quería? Numerosos libros la sueñan pero hay algo más. La Iglesia que Jesús quería fue posible, más aún, fue real… existió. 
Y si la iglesia que hoy tenemos quiere volver a ser la que Jesús quería no tiene más que volver los ojos a la que existió, la que fue realidad cuando apenas Jesús se había ido, la que todavía era fiel al espíritu de Jesús…
Personalmente ha sido para mí un asombroso regalo asomarme a las primeras iglesias y comprobar en ellas cuál era el Espíritu de Jesús y cómo lo aplicaron a la vida concreta aquellas primeras comunidades. 
Me parece que esto sirve para acercarse a Jesús mismo y para ver más claro el modelo de Iglesia que nació del mismo Espíritu de Jesús. 
Pero, lamentablemente, acercarnos a la iglesia que Jesús quería revela, de manera desgarradora, que muchas de las características de nuestra iglesia tienen poco que ver con lo que quería Jesús.
Todo esto es posible por medio de un libro, injusta o intencionadamente desconocido pero interesantísimo, que parece un regalo de Dios precisamente para aquellos que desean como nosotros ver el Espíritu de Jesús inspirando las primeras iglesias. Me refiero, por supuesto, a los Hechos de Apóstoles y estudiarlo va a ser nuestro objetivo.
Este trabajo que ahora presentamos no es un libro técnico, ni original. Recoge investigaciones y reflexiones de muchos autores e intenta ponerlas a disposición de la gente normal, de los cristianos de calle, en una exposición más bien breve y en un estilo asequible a cualquiera. Y su motivación es clara: el amor a la Iglesia, el deseo de que se parezca cada vez a lo que Jesús soñó.
EL GRAN DESCONOCIDO
El tema fundamental es: ¿qué pasó inmediatamente después de la muerte de Jesús? ¿Cómo nació eso que llamamos ‘la Iglesia’? ¿Cómo era? ¿Cómo se mostraba en ella el Espíritu de Jesús? 
Esto es interesante como historia, pero además es fundamental para la fe. 
Nosotros, la iglesia, somos como una cadena: nuestras comunidades son el último (por ahora) eslabón. La generación de nuestros padres serían el penúltimo... y así van hacia atrás los eslabones hasta empalmar con el origen de todo: Jesús mismo. Pero ¿cómo fue el primer eslabón?, ¿está sólidamente anclado en Jesús?
Hay un precioso poema de Roben Browning, en “Una muerte en el desierto”, un libro en que describe poéticamente el final de la vida de Juan, el último após¬tol, que dice así:
"Cuando mis cenizas se esparzan 
no quedará sobre la tierra
nadie con vida que LE conociese (¡tenedlo en cuenta!)...
alguien que viese con sus propios ojos 
y palpase con sus manos 
al que fue, desde el principio, la Palabra de la vida.
¿Qué ocurrirá cuando ya nadie pueda decir: ‘yo vi’?”
La agradable sorpresa es que podemos saber qué sucedió cuando ya apenas había nadie que pudiera decir ‘yo vi’. La primera generación de seguidores de Jesús merece confianza porque fueron testigos presenciales de lo que Jesús hizo y dijo. Pero ¿qué pasó cuando los testigos fueron desapareciendo? ¿Cómo se hizo la transición? 
La segunda generación, que no conoció a Jesús ¿merece también nuestra confianza? ¿fue un eslabón sólido, fiable? De esta fiabilidad depende buena parte de nuestra fe, de nuestra seguridad de tener acceso sólido a Jesús.
Y es aquí donde aparece un libro, los Hechos de Apóstoles, que llena precisamente ese vacío porque trata de qué pasó y cómo eran aquellas comunidades desde el año 30, cuando murió Jesús, hasta aproximadamente el año 60, muy poco antes de que murieran Pedro y Pablo. 
Es un libro fundamentalmente histórico, es decir que narra sucesos de aquellos años, y en este sentido resulta casi un libro de aventuras, aunque es, como casi siempre en aquellos tiempos, una ‘historia con tesis’, es decir, una historia que pretende ante todo mostrar cómo permanecía en aquellas comunidades el mismo espíritu de Jesús. 
Por tanto, así como los Evangelios nos proporcionan un contacto con Jesús mismo, sus hechos y sus dichos, el libro de los Hechos nos permite reconstruir aquel primer eslabón que une a la iglesia con Jesús.
Esto nos ofrece la oportunidad de conocer cómo era la primera iglesia, la que estaba formada por testigos presenciales de Jesús, para compararnos con ella, para ver si a través de la historia hemos mejorado o empeorado en nuestra fidelidad a Jesús. 
Naturalmente, compararnos con aquellas comunidades no podrá llevarnos a imitarlas sin más, porque en poco menos de dos mil años han cambiado radicalmente innumerables factores de la sociedad humana; pero podremos captar si el espíritu de Jesús, reciente e intenso en sus primeros seguidores, permanece en nuestras comunidades o si se ha contaminado con otros elementos que no provienen del Maestro.

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